lunes, 1 de agosto de 2016

Trabalenguas para il-ostra-dores.


Una ostra ilustradora abrió su correo un día y este mensaje leyó:
Estimada ostra ilustradora:
¿Cuánto le cobras a nuestra humilde multinacional por ilustrar unas cabras, cebras, cobras, cocos, tigres y cincuenta cuentos?
Las cebras que no sean caras, porque son en blanco y negro, las cabras en CMYKabra (en un archivo que abra), y las cobras sin las patas para que salgan baratas.
Envíanos por correo en un dos por tres, tres pruebas bien animadas en tres diferentes programas de tres tristes tigres ilustrados texturados en 3-D, tragando trigo en tres tristes platos, pero los quieremos hiper-reales, hiper-rápidos e hiper-baratos. No escogeremos ninguna, combinaremos las tres, y cuando esté terminada, pagaremos en tres cuotas, una entre otra tres meses y la cuenta con tres copias.
Y para los cocos, por supuesto el presupuesto con que contamos es poco, así que si cobras lo que vale un coco, compadre corocococo, te sales del presupuesto. Y como poco presupuesto tenemos, poco presupuesto damos, así que poco cobranos compadre, para que te demos el corocococontrato, pues el presupuesto que tenemos, lo tenemos para comparar coco, y no para pagar dibujos de cocos, compadre ilustradorcoco.
Pero los dibujos los requerimos recontra-rápido, como rápido ruedan los carros cargados de archivos comprimidos por la carrilera del correo electrónic en la red.

Mientras subes los archivos, vas ilustrando los cuentos, y cuando acabes de ilustrarlos, y hacerles las correcciones a las correcciones de las correcciones, haces la cuenta y nos traes la cuenta, pero no tengas en cuenta los cuentos que no aprobamos, porque no entran en la cuenta, así hayan sido cincuenta, cuarenta o treinta, porque cuando cuentas cuántos cuentos ilustraste, son solo cuentos sin cuenta, así que solo te pagamos si aprobamos los cincuenta, y si nos gustan de veras, si no, no cuentes con el pago. ¡Ah! y nos haces buen descuento. Y desde ya te contamos con aprecio (y no es cuento) que al precio le descontamos la retención en la fuente.
- Otra perla más para el collar de clientes analfagráficos, dijo la ostra ilustradora, mientras el correo cerraba y con paciencia le enseñaba este trabalenguas a sus ostras hijos, que cuando grande querían ser ilOSTRAdores de trabalenguas bien pagos.

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